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Guía

El orgasmo con penetración no es el patrón, y los datos lo dicen desde hace décadas

Hay una idea instalada según la cual el orgasmo con penetración es el normal y el resto son ayudas. No lo sostiene ningún dato de población. Lo sostiene el guion del cine y de la pornografía, que necesitan una escena que se pueda filmar de frente.

Los números

La cifra más citada viene de una encuesta de probabilidad hecha en Estados Unidos con algo más de mil mujeres de entre 18 y 94 años, publicada en 2018. Preguntaba con precisión poco habitual, distinguiendo entre lo que hace falta y lo que ayuda.

Alrededor del 18 % respondió que la penetración sola era suficiente para llegar al orgasmo. Cerca del 37 % dijo que la estimulación del clítoris era necesaria, sin ella no había orgasmo. Y otro tercio largo dijo que no era estrictamente necesaria pero que mejoraba claramente la experiencia.

Sumando las dos últimas respuestas, para tres de cada cuatro mujeres el clítoris está en la ecuación de forma explícita. La penetración sola funciona para una minoría clara.

El segundo dato es el de la brecha. Otra muestra estadounidense grande, también de 2018, comparó frecuencia de orgasmo por orientación sexual. Los hombres heterosexuales decían llegar al orgasmo casi siempre en un 95 % de los casos. Las mujeres heterosexuales, en un 65 %. Y las mujeres lesbianas, en un 86 %.

Ese tercer número es el que desmonta la explicación fácil. Si la diferencia entre hombres y mujeres fuera cuestión de fisiología femenina, las mujeres lesbianas no deberían separarse veintiún puntos de las heterosexuales. La brecha no está en el cuerpo, está en lo que se hace con él.

Por qué la diferencia

La explicación anatómica es directa. En el coito, la fricción se concentra en la vagina, cuyo tercio interno tiene relativamente pocas terminaciones nerviosas sensibles al tacto fino. El glande del clítoris queda fuera y por encima, y solo recibe tracción indirecta. Contar con que ese estímulo indirecto baste para todo el mundo es como contar con que una caricia en el antebrazo produzca lo mismo que una en la palma.

Se ha estudiado también la distancia entre el glande del clítoris y la abertura de la uretra: cuanto mayor es esa distancia, menos probable resulta el orgasmo solo con penetración. Es una variación anatómica normal, del mismo tipo que tener los pies de un número o de otro.

Y hay una parte que no es anatómica. El coito heterosexual medio dura pocos minutos y suele terminar con la eyaculación, lo que en muchos encuentros deja fuera el tiempo que la respuesta de la otra persona necesita. En encuentros entre mujeres el repertorio suele ser más variado y más largo, y la duración media también.

Lo que esto no significa

Conviene decir con la misma claridad lo que estos datos no dicen, porque el péndulo también se pasa de rosca.

No dicen que la penetración sea irrelevante. Para una parte de las mujeres es la vía principal, y para muchas más aporta algo que la estimulación externa sola no aporta, que tiene que ver con la sensación de plenitud y con la parte interna del clítoris.

No dicen que haya que llegar al orgasmo. Un encuentro sin orgasmo no es un encuentro fallido, y convertir el orgasmo en objetivo obligatorio produce exactamente la ansiedad de rendimiento que lo bloquea.

Y no dicen que quien llegue al orgasmo con penetración esté haciendo algo raro. Ese 18 % existe y no tiene por qué justificarse ante nadie.

Qué se hace con esto

Lo más útil no es cambiar de postura, es cambiar de suposición. Si en tu caso hace falta estimulación del clítoris, no es un añadido ni un truco de recambio: es la parte principal, y organizar el encuentro alrededor de eso no es pedir un favor.

Dos consecuencias prácticas. La primera, que la estimulación simultánea, con la mano propia, con la de otra persona o con un aparate pequeño durante la penetración, es la solución obvia y sigue viviendo con una incomodidad que no le corresponde. La segunda, que el orden importa: llegar al orgasmo antes de la penetración cambia por completo cómo se siente lo que viene después, porque el tejido ya está lleno de sangre.

Y dónde entra una tienda

En muy poco, y conviene decirlo. Ningún producto arregla un guion equivocado sobre cómo debería funcionar tu cuerpo. Lo que un producto sí puede hacer es dar estímulo fiable en el sitio que hace falta, y en el caso concreto de la estimulación durante la penetración, resolver un problema de manos y de ángulo que las manos resuelven mal.

Si después de leer esto la conclusión es que no necesitas comprar nada sino hablar con alguien, esa conclusión también nos vale.

Contenido informativo. No sustituye el criterio de un profesional sanitario y no atribuye a ningún producto una finalidad curativa.

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