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Guía

Antidepresivos y anticonceptivos: lo que sí se sabe de su efecto sexual

Este artículo se escribe con una condición previa que conviene poner arriba y no abajo: nada de lo que sigue es motivo para dejar una medicación. Retirar un antidepresivo por cuenta propia es peligroso, y el objetivo aquí es exactamente el contrario, que llegues a la consulta con la pregunta bien hecha.

Los ISRS y el orgasmo

El efecto sexual de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina es de los más consistentes que tiene este grupo de fármacos, y a la vez de los que menos se advierten en la consulta.

Las cifras varían mucho según cómo se pregunte. Cuando se pregunta de forma espontánea, aparece poco; cuando se pregunta de forma sistemática con cuestionario, aparece en una proporción muy alta. Las revisiones que agrupan estudios sitúan la disfunción sexual atribuible al tratamiento en un rango que va aproximadamente de una cuarta parte a más de dos tercios de quienes lo toman, con diferencias claras entre moléculas: la paroxetina suele encabezar las tablas y otros antidepresivos que no actúan principalmente sobre la serotonina, como el bupropión o la mirtazapina, aparecen bastante por debajo.

La manifestación más característica no es la pérdida de deseo, es el retraso del orgasmo, que puede llegar a la anorgasmia. También se describen menor intensidad del orgasmo, adormecimiento genital y descenso del deseo. El mecanismo tiene sentido: el aumento de serotonina en determinadas vías frena la señalización dopaminérgica implicada en la respuesta sexual, y ese freno es en parte el mismo que produce el efecto terapéutico.

El factor de confusión que casi nadie nombra

La depresión, por sí misma y sin tratar, reduce el deseo y la capacidad de disfrutar. Es uno de sus síntomas nucleares. Así que cuando alguien empieza a tomar un ISRS y su vida sexual va mal, hay dos explicaciones posibles a la vez, y separarlas requiere mirar la cronología con cuidado.

Si el deseo estaba en el suelo antes de empezar y la medicación mejora el ánimo, muchas veces la vida sexual mejora con él, aunque el fármaco tenga efecto propio. Si el ánimo mejora y el orgasmo se vuelve inalcanzable justo después de empezar o de subir la dosis, la cronología señala al fármaco. Esa distinción no la puede hacer un artículo, la haces tú con tu historia y la contrasta quien te trata.

Lo que suele pasar al dejarlo, y una advertencia

En la mayoría de los casos el efecto sexual revierte al retirar el fármaco o al cambiar de molécula, en cuestión de semanas. Existe además una situación descrita en la que los síntomas persisten mucho después de dejar el tratamiento, y en 2019 la agencia europea del medicamento aceptó incluirla como posible efecto adverso persistente. Se conoce poco, no se sabe con qué frecuencia ocurre y no hay tratamiento establecido.

Se menciona aquí por una razón concreta: entre no contarlo y convertirlo en alarma, las dos opciones son malas. Existe, es infrecuente en comparación con el efecto reversible, y es una razón más para que la conversación sobre efectos sexuales forme parte de la decisión desde el principio y no aparezca cuando ya lleva un año instalada.

Qué se puede hacer, y quién lo decide

Hay margen de maniobra y no consiste en aguantarse. Existen estrategias que se manejan en consulta: ajustar la dosis, cambiar el momento de la toma, cambiar a una molécula con menos perfil sexual, añadir algo que contrarreste, o esperar, porque una parte de los casos mejora con el tiempo.

Ninguna de esas decisiones se toma en una tienda ni leyendo un artículo. Lo que sí sirve de aquí es llegar diciendo algo preciso: "desde que subí a esta dosis tardo el triple en llegar al orgasmo y antes no me pasaba". Eso es información clínica utilizable. "No estoy bien sexualmente" no lo es.

Los anticonceptivos hormonales

Aquí el mensaje es distinto porque la evidencia es distinta: hay un efecto bioquímico bien establecido y un efecto clínico inconsistente.

Lo establecido es que los combinados orales elevan la proteína transportadora de hormonas sexuales, lo que baja la testosterona libre. Lo inconsistente es la traducción a deseo: los estudios grandes encuentran que la mayoría de usuarias no percibe cambios, una minoría percibe descenso y otra percibe aumento. La media sale casi plana, y una media plana puede esconder dos grupos moviéndose en direcciones opuestas.

Sí hay algo más consistente y menos comentado: una parte de las usuarias describe menos lubricación natural. Es un efecto con solución sencilla y no requiere cambiar de método.

Como con lo anterior, la señal que importa es tuya y es temporal. Si el cambio coincidió con empezar un método o con cambiarlo, es un dato. Si llevas cuatro años con el mismo y el cambio es de este invierno, probablemente el método no es la explicación.

Qué no vamos a decirte

Que un producto compense un efecto farmacológico. No lo hace, y quien lo insinúe está vendiendo. Con el orgasmo retrasado por un ISRS, un estímulo más intenso y más sostenido puede ayudar a llegar donde antes no se llegaba, y eso es una ayuda real y limitada, no un tratamiento.

La afirmación honesta cabe en una línea: aquí se venden objetos que dan estímulo, y ni el estímulo ni esta tienda tratan nada.

Contenido informativo. No sustituye el criterio de un profesional sanitario y no atribuye a ningún producto una finalidad curativa.

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